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La compleja relación entre Churchill y Lady Astor: un duelo de ironías y egos

“Si usted fuera mi marido, le pondría veneno en el café”
“Y si yo fuera su marido, me lo bebería”.

Lady Nancy Astor y Winston Churchill
Lady Nancy Astor y Winston Churchill
Churchill y Lady Astor

La historia política británica está plagada de rivalidades legendarias, pero pocas se comparan al ácido y mordaz enfrentamiento entre Winston Churchill, el líder que guio al Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial, y Lady Nancy Astor, la primera mujer en ocupar un escaño en la Cámara de los Comunes.

Más que simples desacuerdos políticos, lo que caracterizó esta relación fue un choque de personalidades explosivas y un sinfín de comentarios cargados de sarcasmo dignos sucesores de los encontronazos dialécticos mantenidos en su momento entre Góngora y Quevedo .

En este artículo, exploraremos las causas, episodios y consecuencias de este duelo verbal que dejó huella en la memoria colectiva y en los pasillos del Parlamento británico.

Churchill y Lady Astor un duelo de ironías y egos
Lady Astor

Un enfrentamiento anunciado: dos figuras con tanto ingenio como poco en común

Winston Churchill y Lady Astor no podrían haber sido más diferentes en cuanto a antecedentes y temperamento. Churchill, nacido en una familia aristocrática con raíces políticas, era conocido por su carácter beligerante, su habilidad oratoria y su adicción al whisky y los puros.

Lady Astor, por otro lado, era estadounidense de nacimiento, proveniente de una familia adinerada, y se casó con Waldorf Astor, heredero de una fortuna colosal y miembro de la influyente familia Astor.

Mientras que Churchill representaba el viejo orden y el pragmatismo político, Astor traía un enfoque más progresista, aunque no exento de contradicciones.

Su afiliación al Partido Conservador parecía chocar con su ferviente apoyo a causas como el sufragio femenino y la templanza. De hecho, su cruzada contra el alcohol no solo la distanció de Churchill, sino que también le ganó críticas entre sus propios compañeros.

La chispa inicial: ¿malentendido o choque inevitable?

El enfrentamiento entre Churchill y Astor no fue un evento aislado, sino más bien el resultado de una acumulación de tensiones. Se dice que una de las primeras interacciones entre ambos fue durante una reunión social, donde Astor declaró abiertamente su desprecio por los hábitos de Churchill. La leyenda dice que, en una ocasión, Lady Astor le dijo: “Si usted fuera mi marido, le pondría veneno en el café”.

A lo que Churchill respondió sin inmutarse: “Y si yo fuera su marido, me lo bebería”.

Aunque esta anécdota puede ser apócrifa, ilustra perfectamente la dinámica de su relación: dos personas que no solo disentían en temas políticos, sino que también disfrutaban lanzándose dardos envenenados con una elocuencia que haría sonrojar a cualquier guionista de comedia moderna.

Diferencias políticas y filosóficas

En el Parlamento, las posturas políticas de Churchill y Astor se cruzaban frecuentemente en debates acalorados. Mientras que Churchill defendía una política exterior agresiva y una visión imperialista, Astor promovía causas más humanitarias y era partidaria de la pacificación.

Sin embargo, su oposición no siempre fue tan noble como podría parecer: Lady Astor también era conocida por sus simpatías hacia algunas figuras controvertidas de la Europa de los años 30, lo que le valió críticas tanto de Churchill como de otros colegas.

Lady Astor
Lady Astor

El ejemplo más notorio de esta divergencia se dio en los debates sobre Adolf Hitler y la Alemania nazi. Mientras Churchill advertía incansablemente sobre el peligro que representaba el régimen nazi, Astor, como muchos otros miembros de la aristocracia británica, inicialmente abogaba por una postura conciliadora.

Esto no solo intensificó su rivalidad, sino que también colocó a Astor en una posición política delicada cuando la guerra finalmente estalló.

Momentos cumbre del sarcasmo parlamentario

La rivalidad entre Churchill y Astor alcanzó su punto álgido durante los debates en la Cámara de los Comunes. Churchill, maestro de la palabra, no perdía oportunidad de desacreditar a su colega con comentarios mordaces. En una ocasión, después de que Astor hiciera una declaración particularmente vehemente, Churchill replicó: “Me imagino que el infierno debe estar deseoso de su regreso”. La respuesta de Astor no fue menos ácida: “Por supuesto, porque ya no soy bienvenida aquí”.

Este intercambio es solo un ejemplo de cómo ambos utilizaban el Parlamento como un escenario para sus combates verbales. La prensa de la época, siempre hambrienta de titulares, no tardó en amplificar estas disputas, convirtiéndolas en un espectáculo nacional.

Curiosidades y mitos

Algunos relatos sobre la relación entre Churchill y Lady Astor han alcanzado el estatus de mito, y no todos son fáciles de verificar. Por ejemplo, se dice que Churchill, al ser preguntado sobre qué pensaba de las mujeres en la política, mencionó irónicamente que su opinión estaba “influida por su constante exposición a Lady Astor”. Aunque este comentario refleja su estilo característico, no hay evidencia concluyente de que lo haya dicho realmente.

Por otro lado, Astor también contribuyó a alimentar la leyenda. Se cuenta que, durante una visita oficial, le regaló a Churchill un libro titulado “Autocontrol: ¿por qué es importante para usted?”, una burla directa a los hábitos de bebida de su adversario. Churchill, por supuesto, no se quedó atrás y le envió una copia autografiada de uno de sus discursos titulado “Por qué nunca cederé”.

Lady Astor: Winston, está usted borracho.
Churchill: Y usted es fea, pero mañana yo estaré sobrio.

Existen variaciones de esta frase, y algunos historiadores la llegan a atribuir a un intercambio con otra mujer, pero es auténtica y refleja la rapidez de palabra de Churchill.

Un legado de discordia

Aunque su rivalidad fue una fuente inagotable de anécdotas y titulares, también pone de relieve los complejos matices de la política británica de la época.

Churchill y Astor representaban dos visiones del mundo en constante conflicto: una arraigada en la tradición y la otra buscando redefinir el papel de las mujeres y los valores sociales.

Y esos dos mundos acabaron chocando dejando para la posteridad unos maravillosos e ingeniosos duelos dialécticos que, de haber ocurrido en nuestros días, hubiesen escalado en una espiral interminable de hilos de X.


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EL AUTOR

Fernando Muñiz

Escritor, profesor, traductor, divulgador, conferenciante, corrector, periodista, editor.


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